¿Tiene efectos las horas de sueño en el rendimiento académico de un escolar?
En #nomasrojos creemos que los beneficios de un buen dormir son variados y
mejoran la calidad de vida en muchos ámbitos. Nuevos estudios confirman la importancia del sueño en la
consolidación del aprendizaje y la memoria en las diferentes etapas de la vida.
La
mayoría de niños duermen menos horas que las recomendables para su desarrollo
intelectual, lo que se vería agravado porque el déficit de sueño no es recuperable. Este hecho puede causar que
en las primeras horas de clase estén dormidos, cosa que repercute en su proceso
educativo.
El
rendimiento de los niños en el conocimiento lingüístico, en las reglas
gramaticales, ortográficas, así como aspectos claves de organización y
compresión de textos, por citar algunos ejemplos, se verá distorsionado. Cabe recordar que la lectura constituye un
factor primordial para el desarrollo de otras competencias básicas, de
manera que si el alumno, debido a una falta de sueño, desarrolla problemas en
este aspecto, ello puede repercutir en el resto de materias.
Es
destacable que la mayor magnitud de efecto sobre el rendimiento del niño la
produzca el hábito, es decir, un horario y pautas de sueño.Así, los niños que aun
durmiendo un número de horas suficientes (10 ó 11), no distribuyen éstas de
forma saludable, pueden llegar a tener problemas de rendimiento.Por lo tanto,
parece especialmente importante mantener unas pautas de sueño apropiadas.
Una
mala calidad del sueño disminuye la capacidad para focalizar la atención, altera
las estrategias cognitivas, y afecta a la memoria, lo que finalmente influye en
el aprendizaje.En este sentido, parece recomendable establecer rutinas horarias
que posibiliten que los niños, y por extensión sus padres, tengan tiempo
suficiente para hacer los trabajos y tareas individuales cada jornada, de tal
manera que no estén despiertos más allá de la hora de acostarse. En definitiva,
hay que establecer una hora regular para ir a la cama y respetarla. Una hora
específica para acostarse facilita que el niño duerma el número de horas
requeridas.
En promedio, un preescolar debe dormir entre 11 y 13 horas; un niño en
edad escolar, de 10 a 11 horas, y en la pubertad, entre 8 y 10 horas. En
adultos varía entre 5 y 8 horas.
Equipo No Más Rojos


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